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La Pintana

jueves 24 de noviembre de 2011

Invisible BIP

En las filas desordenadas primaban los verdes y amarillos. El publico era como las hojas de un árbol en primavera y después en otoño a punto de caer. Los viejos trayendo a sus nietos. El teatro se llenó poco antes de comenzar la función. Afuera eran las cinco de la tarde, la luz del sol entibiaba la vereda sur y construía sombras con nitidez. Adentro estaba oscuro, y las voces que afuera habían sido gritos se volvían murmullo, apenas tocaban la penumbra. Las luces se apagaron por completo y el sonido de las cortinas de terciopelo rojo anunciaron el silencio de la función. El otoño de la expresión, la pantomima mil veces trabajada en un mismo cuerpo, que a fuerza del tiempo afina la gestualidad, sin perder la gracia. El silencio y el invisible, los elementos que construía un solo cuerpo. Algo así como los muros y las superficies con que el arquitecto construye el vacío. El hombre vestido de blanco jugó a hacernos ver lo que no está, en el silencio de una sala colmada de alientos y aire y espacios llenos de vida. Vi un hombre abrazando a una mujer, invisible. Vi a una mujer hablándole a un hombre, invisible. Un barco gigantesco, y la cadencia de un mar aun más grande, también invisible. Una orquesta, un comprador de porcelanas y porcelanas, todas invisibles. Se quebraban en el silencio, invisibles y sordas y así todo, las vimos y las escuchamos caer. La luz cenital localizada al centro del escenario, hacia aparecer el blanco del rostro y el cuerpo de Bip convertido en niño, en adolescente y en viejo, vez a vez. Vlam, psssssssssssst. Dam dam. A ratos solo la respiración del publico. También música, guiando el imaginario de cada uno de los asistentes. Pensaba que era un poco como la lectura, en la que cada lector imagina, de acuerdo a sus vivencias y sensaciones lo que el escritor describe. Era como un acto de magia, interactiva. La mujer, o el barco, la orquesta, el hombre y el niño que yo vi ciertamente eran diferentes al que otro espectador vio. Mil y tantas mujeres, mil y tantos barcos, océanos, orquestas hombres y niños. Si eso no es magia, que alguien intente convencerme de lo contrario.